Nadie sabe lo que tiene hasta que lo pierde.Con esta idea tan sencilla como universal, La Menorquina ha construido una estrategia que se ha convertido en toda una lección de marketing. La compañía heladera ha logrado una gran repercusión al activar, con precisión, la palanca de la nostalgia, mediante una idea tan simple como efectiva. Lo ha hecho recuperando —o más bien, haciendo reaparecer— a Punky, su icónico helado con forma de tucán (que no pingüino) de estética rebelde y cresta roja, un producto profundamente ligado al imaginario de varias generaciones.

La marca ha acompañado el momento con la renovación de su imagen, así como un cartel con estética muy noventera al que se suman nuevas referencias. Un enfoque que aúna fidelidad a su tradición con modernización e interés por los actuales gustos de los consumidores.

Punky: un fenómeno viral de los 90 que volvió al primer plano

Hace unas semanas, La Menorquina anunció mediante una publicación en redes sociales que Punky dejaba de comercializarse porque ya no tenía demanda suficiente. Según aseguraron, las nuevas generaciones buscaban otro tipo de productos y, aunque los adultos lo recordaban, «sentían vergüenza de pedirlo». Este cariño hacia el helado de sus veranos de la infancia no se traducía en ventas.

El comunicado provocó una reacción emocional masiva. Se generó una conversación muy potente en torno al tema, con un aluvión de peticiones para que volviera, memes, posts, y comentarios. Incluso, el actor (Marc Pujol) creó el movimiento @punky.vuelve, disfrazado del personaje, y hasta impulsó una campaña de Change.org exigiendo el regreso inmediato del tan querido helado al catálogo, lo que amplificó muchísimo el fenómeno. Ha logrado 54 millones de visualizaciones a sus vídeos, con 9 millones de personas alcanzadas (impactos únicos) y más de 300.000 reacciones a los contenidos publicados.

Aquellos usuarios más avispados habrán detectado que en la descripción de los vídeos en Instagram de este creador de contenido aparece la advertencia de «publi», tal como obliga la legislación en el caso de serlo.

Esta pista revela que estas acciones forman parte de la estrategia, pero buena parte del público recibió estos vídeos como representación del deseo latente en la sociedad de recuperar a Punky del ostracismo. Por fin, la marca publicó un vídeo en el que participaba todo su equipo y se dejaba claro el mensaje: «Punky vuelve».

La estrategia brillante de La Menorquina

La marca de helados ha hecho magia con esta maniobra: un producto muerto comercialmente que revive gracias a hacer sentir a la gente que lo ha perdido. Una vez más, la nostalgia ha hecho de las suyas de la mano de consumidores que no están dispuestos a ver cómo cae en las aguas del olvido para siempre uno de los helados de las tardes de verano de su infancia. Que la nostalgia sirve para vender más a estas alturas ya no es sorpresa para nadie, pero no todas las marcas saben emplearla a su favor y generar tanta expectación.

Con una narrativa basada en el recuerdo, la emoción y el regreso, la marca ha conseguido transformar un producto aparentemente olvidado en un fenómeno viral. Una jugada que demuestra cómo, bien trabajada, la nostalgia no solo conecta emocionalmente con el consumidor, sino que también puede traducirse en atención, conversación y relevancia de marca.

Un rebranding que abraza su tradición

La Menorquina ha actualizado su identidad visual con un nuevo logotipo con tipografía estilizada, junto al lanzamiento de su propuesta de helados para la temporada 2026. El rediseño -con aromas noventeros que ahondan en la nostalgia sin perder actualidad- se extiende a todos los puntos de contacto, desde la cartelería hasta los packagings y los materiales en el punto de venta, una apuesta que refuerza la conexión emocional con el consumidor.

Las novedades en el catálogo de 2026

La marca aprovecha esta gran dosis de atención para anunciar sus novedades de esta temporada de 2026. La menorquina incorpora a sus clásicos tres nuevos helados con formas distintivas: un almendrado con forma de almendra, un bombón de frambuesa con apariencia de corazón y otro bombón que parece un corte de turrón, con sabor al popular dulce navideño.

Además, el catálogo cuenta con cinco polos (coco, limón, frutos rojos, Cacaolat® y mango-maracuyá). También se suman dos nuevas referencias: un cono sabor vainilla y cacao sin lactosa ni azúcares añadidos y un cucurucho de pistacho. No faltan en la carta cuatro barritas heladas de Mars (Snickers, Twix…) y el cono de M&M’s.

«Mantenemos el espíritu artesano y, como hizo tantas veces nuestro fundador, Fernando Sintes, nos atrevemos a probar nuevas formas y sabores con los que seguiremos contribuyendo a nuestro propósito de ser embajadores de un estilo de vida y de una gastronomía local con vocación global», señala Iván Leal, CEO de La Menorquina.

Además, «Punky», presente en el catálogo de La Menorquina desde los años noventa, entra de nuevo en el cartel, asomándose por un lateral tras 19 años de ausencia.

La Menorquina: un barco que avanza viento en popa

La Menorquina, empresa heladera fundada por Fernando Sintes en Alaior (Menorca) en 1940, ha registrado un incremento sostenido del 15% anual desde 2019. En 2025, la compañía facturó 131 millones de euros y prevé mantener el crecimiento de doble dígito en 2026. Actualmente, cuenta con una plantilla de alrededor de 800 trabajadores y continúa su expansión tanto en el mercado nacional como en el internacional.

El pasado mes de febrero, La Menorquina anunció una inversión de 15 millones de euros en una nueva línea de producción, una decisión que le permitirá incrementar en 10 millones de litros al año su volumen de fabricación.



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