Un par de artículos añadidos en el último momento al carrito al verlos relucir en un atractivo expositor en la caja del supermercado. Una compra por impulso para llegar al importe mínimo y evitar los gastos de envío. O aquella prenda comprada por seguir una tendencia que terminó arrinconada en el fondo del cajón. Son situaciones cotidianas que reflejan una dinámica cada vez más extendida: el 56% de los españoles acumula objetos que no utiliza, una señal de que el consumo supera con frecuencia las necesidades reales. Entre ellos, el 76% reconoce realizar habitualmente compras impulsivas que acaban sin apenas uso o completamente olvidadas. 

Estos son algunos de los datos de la VI edición de La Red del Cambio, el estudio anual de Wallapop que este año se adentra de lleno en el sobreconsumo actual, sus causas y consecuencias. El informe proporciona razones que respaldan la idoneidad de la compraventa de segunda mano y de la circularidad. 

En cuanto a la metodología, la encuesta fue realizada por Netquest entre el 11 y el 20 de febrero de 2026 sobre una muestra representativa de la población española de más de 1.500 personas de entre 18 y 83 años. 

La contradicción social

La investigación recoge hábitos de los consumidores, que no siempre se alinean con sus creencias. Por un lado, el 70% de los consumidores afirma que la sostenibilidad es un criterio relevante en sus decisiones de compra y el el 93%, considera importante la durabilidad y calidad de los productos. Sin embargo, esa visión colisiona con el dato inicial de que casi un 60% de los encuestados adquiere cosas que no necesita, lo que apunta a un consumo exagerado e “injustificado”.

Estas prácticas resultan más paradójicas aún si se examinan en un contexto en el que el 55% de los españoles reconoce que su salario no le permite cubrir todos sus gastos ni ahorrar, pero, en cambio, cuando analizan sus facturas a final de mes, se encuentra que el 40% de sus gastos van a parar a no esenciales. Según las conclusiones del estudio, no se trata de que haya una ausencia de información, sino de que se produce una disonancia entre lo que pensamos y lo que realmente hacemos. 

¿Por qué compramos así?

La encuesta impulsada por Wallapop ahonda en los motivos que hay detrás de muchas compras impulsivas y concluye que, más que una cuestión de necesidad, suelen responder a estados emocionales. El estrés es el principal detonante, ya que siete de cada diez españoles reconocen haber comprado para aliviarlo, mientras que el 53% afirma hacerlo por aburrimiento. Así acaba generándose esa montaña de cosas que se quedan olvidados en un rincón.

Sin embargo, el estudio revela que la compra rara vez cumple la función emocional que se le atribuye. En lugar de proporcionar una satisfacción duradera, el 60% de los consumidores afirma sentirse indiferente después de adquirir un producto y un 16% reconoce incluso experimentar arrepentimiento. En otras palabras, la emoción que impulsa la compra no desaparece necesariamente tras pasar por caja.

Un ecosistema que favorece las compras

La visión de Wallapop es que no se trata de elecciones aisladas, sino que existe todo un entorno diseñado para acelerar la compra. En ese sentido, la gran cantidad de promociones y tendencias también tiene un impacto directo en la forma en la que se consume: las primeras influyen al 92% de los consumidores; mientras que las segundas incitan a comprar al 52% de los encuestados. 

En este complejo ecosistema se introducen también las redes sociales, cada vez más presentes en la cotidianidad de las personas y que, de hecho, condicionan las decisiones del 44% de los españoles a la hora de comprar, cifra que se eleva hasta el 75% en el caso de la Gen Z. A todo este fenómeno contribuyen también las plataformas de consumo ultrarrápido. Tanto es así, que ya son utilizadas por el 78% de los españoles, un porcentaje que asciende hasta el 95% entre los jóvenes de 18 a 24 años. 

Wallapop ofrece una solución

Para la plataforma la solución a este sobreconsumo es el mercado de segunda mano y sustenta su argumento en cuatro pilares. Desde el punto de vista económico, permite acceder a productos de calidad a precios más competitivos y recuperar parte de la inversión inicial al venderlos. Además, ofrece ventajas prácticas, como la liberación de espacio en el hogar. 

A nivel medioambiental, fomenta un consumo más consciente y contribuye al desarrollo de una economía circular, con un consiguiente impacto directo en la reducción de la contaminación. En ese sentido, la compra de productos de segunda mano en lugar de nuevos por parte de la comunidad de Wallapop evitó en 2025 la emisión de 473.000 toneladas de CO2, una cifra equivalente a eliminar todo el tráfico de Barcelona durante siete meses. Y desde una perspectiva experiencial, permite acceder a objetos con historia y valor más allá de su precio.

«La segunda mano es una alternativa real para el mercado español, que ya es una realidad cotidiana en España. De hecho, el 87% de las personas cree que mantendrá o aumentará su consumo de productos reutilizados en los próximos años. Por tanto, no es solo una alternativa económica, sino una forma distinta de entender el consumo y, cada vez más, la respuesta lógica a un modelo que exige más de lo que ofrece», comenta Pol Fàbrega, responsable de sostenibilidad en Wallapop.

«La segunda mano puede ser una vía para liberar espacio físico y mental, dando nueva vida a lo que ya no usamos. Pero para que funcione, primero hay que ser conscientes de lo que acumulamos y hacer que actuar en consecuencia sea fácil: el reto es que lo circular sea tan accesible y rápido como lo lineal, sin que hacer lo correcto suponga un esfuerzo», señala Emilio Dómenech, periodista y analista especializado en temas socioeconómicos.


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