La tienda, sita en el número de la avenida del Portal de l’Àngel de la Ciudad Condal, se inauguró el pasado 6 de agosto y pretende capitalizar la popularidad de hechuras planetarias de los Labubu.

Feos y adorables a partes iguales, los Labubu son indudablemente los muñecos del momento. Y los fans más arrebatados de estas criaturas están de enhorabuena porque Pop Mart, la empresa china que fabrica los muñecos más virales, acaba de levantar la persiana de su primera tienda permanente en tierras patrias.

La tienda, sita en el número 3 de la avenida del Portal de l’Àngel de la Ciudad Condal, se inauguró el pasado 6 de agosto y pretende capitalizar la popularidad de hechuras planetarias de los Labubu, aunque en el establecimiento se comercializan también muñecos como Molly, Azura, Dimoo o Skullpanda (que tienen igual legiones de fanáticos en las redes sociales).

Si bien no está alojado en un local excesivamente grande (tiene 124 metros cuadrados), el primer establecimiento permanente de Pop Mart en España promete hacer las delicias de los fans, que ya cayeron rendidos a los pies de los muñecos del fabricante de origen chino cuando la compañía inauguró una «pop-up» en diciembre del año pasado en Barcelona.

La primera tienda española de naturaleza permanente del fabricante de los celebérrimos Labubu está cosechando, como era de esperar, un éxito sin precedentes. En la víspera de su apertura había ya colas de más de 200 metros frente a la puerta del establecimiento. Y algunos de los fans allí apostados hicieron fila durante 12 horas (lo cual tiene especialmente mérito a tenor de las altísimas temperaturas que alcanzan actualmente los termómetros en nuestro país).

Conviene además hacer notar que el establecimiento está emplazado en una de las zonas comerciales más nobles no solo de la Ciudad Condal sino de toda España. Y quienes allí incursionan están extraordinariamente prestos a tirar de chequera gastando en ocasiones varios cientos de euros en muñecos (algo absolutamente inédito en el ramo juguetero más allá de la temporada navideña).

Los Labubu alientan el coleccionismo y el consumismo en su vertiente más desaforada

Creados por el artista de origen hongkonés Kasing Lung e inspirados en la mitología nórdica, los Labubu salieron originalmente del cascarón en 2015 de la mano de la empresa How2Work. Sin embargo, los muñecos, famosos por sus dientes afilados, sus ojos saltones y sus orejas puntiagudas, no serían ungidos realmente con la fama (en su vertiente más arrolladora) hasta 2019, cuando Kasing Lung se asoció con Pop Mart.

La popularidad de los Labubu ha sido espoleada hasta el infinito y más allá gracias al modelo de venta elegido por Pop Mart: las «blind boxes» o cajas sorpresa. Cuando los fans deciden comprar estas cajas con muñecos en su interior, no saben qué figura les va a tocar en gracia y eso lleva en volandas la emoción y también en último término el coleccionismo.

Quienes coleccionan los Labubu despliegan tantísima pasión por estos muñecos que no les duelen prendas a la hora de pagar cifras absolutamente exorbitantes por estas figuras en el mercado de segunda mano. Los precios de los Labubu en los canales oficiales de venta de Pop Mart se mueven en una horquilla de entre 12 y 240 euros, pero en el mercado de segunda mano algunos modelos se venden por miles de euros.

Más allá de por su comercialización en cajas sorpresa (que son alguna manera un acicate para comprar los Labubu de manera tan compulsiva como despreocupada), el fenómeno de estos muñecos está siendo propulsado también por «celebrities» como Kim Kardashian, Dua Lipa, Rihanna o David Beckham.

Lo que está fuera de toda duda es que los Labubu encandilan tanto a pequeños como mayores y a las puertas de la nueva tienda de Pop Mart en Barcelona hay congregadas efectivamente personas de todas las edades ávidas de invertir sus ahorros en ampliar su colección de estas figuras, que después comparten profusamente en las redes sociales apoyándose en hashtags como #PopMart y #Labubumania. Y como en una suerte de bucle infinito, la difusión de este tipo de contenido en las plataformas 2.0 no hace sino dar fuelle al fanatismo, traducido a la postre en compras compulsivas que muchos fans no pueden probablemente permitirse y que aun así no puede evitar acometer una y otra vez (para regocijo de Pop Mart).

El consumo compulsivo que alientan los Labubu es quizás el lado más tenebroso de este fenómeno, que ha propiciado además la eclosión de un lucrativo mercado de falsificaciones con precios sustancialmente más económicos que los de los canales oficiales de venta de Pop Mart. Todo vale con tal de echar el guante a los muñecos más famosos del momento, que para muchos fans son de alguna manera una poderosa herramienta de autoexpresión.



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