Nueve años después de presentar un automóvil eléctrico que prometía superar a prácticamente cualquier superdeportivo, Tesla volvió a mostrar el Roadster. Esta vez, sin embargo, el vehículo recorrió una estructura boca abajo, giró en el aire y aterrizó utilizando propulsores desarrollados con tecnología de SpaceX. La demostración fue espectacular, pero también confirmó que el proyecto presentado en 2017 cambió sustancialmente: tendrá menos plazas, una autonomía anunciada considerablemente menor y tres configuraciones con capacidades muy diferentes.
La presentación ocurrió el 15 de octubre de 2026 en las instalaciones de pruebas de SpaceX en McGregor, Texas. Según la cobertura de Reuters, Elon Musk estableció 2028 como nuevo objetivo para iniciar la producción, aunque no comunicó precios finales ni fechas concretas de entrega a clientes.
La principal diferencia frente a presentaciones anteriores es que Tesla exhibió un prototipo funcional. El automóvil realizó maniobras que hasta entonces formaban parte de las promesas de Musk, incluida una aceleración de 0 a 60 millas por hora —aproximadamente 97 km/h— en 0.81 segundos, de acuerdo con la medición presentada durante el evento. La cifra todavía no constituye un récord certificado mediante pruebas independientes.
La demostración abre una nueva etapa para el Roadster, pero también obliga a distinguir entre tres cosas que frecuentemente se confunden cuando Tesla presenta un producto: lo que un prototipo puede ejecutar bajo condiciones controladas, las especificaciones que promete el fabricante y las características que finalmente recibirá un automóvil homologado y producido en serie.
Tres Roadster diferentes, uno de ellos capaz de elevarse
Tesla decidió dividir su nuevo deportivo eléctrico en tres configuraciones: Performance, Thrust y Rocket. La diferencia entre ellas modifica tanto sus prestaciones como el uso para el que fueron concebidas.
De acuerdo con la información de TechCrunch, el Roadster Performance estará orientado a carretera, contará con dos plazas, aerodinámica activa y un sistema de succión diseñado para incrementar la adherencia. Tesla anuncia para esta versión una aceleración de 0 a 60 mph inferior a 1.6 segundos.
La variante Thrust conservará las dos plazas, pero añadirá propulsores traseros de gas frío capaces de proporcionar empuje adicional durante la aceleración. La compañía promete un tiempo inferior a 0.9 segundos y presenta esta configuración como una alternativa principalmente orientada al circuito.
La propuesta más extrema será Rocket, un automóvil de una sola plaza con diez propulsores distribuidos alrededor de la carrocería para generar empuje y controlar su movimiento en diferentes direcciones. Tesla anuncia una aceleración inferior a 0.59 segundos y lo describe como un vehículo con capacidades aéreas. Su disponibilidad estará restringida a invitaciones y no cuenta con autorización para circular por vías públicas.
La existencia de tres versiones también permite dimensionar cómo evolucionó el proyecto. En 2017, Tesla presentó un Roadster con cuatro plazas; ahora, el modelo convencional tendrá dos y la versión más radical prescindirá incluso del asiento del acompañante. Parte de ese espacio será ocupado por los sistemas adicionales de propulsión.
Cómo consiguió Tesla que el Roadster girara en el aire
La demostración combinó dos tecnologías diferentes, aunque relacionadas con un mismo objetivo: generar fuerzas que permitan al vehículo superar las limitaciones de adherencia y movimiento de un automóvil convencional.
La primera es un sistema de ventiladores que extraen aire de la zona inferior de la carrocería y generan presión negativa. Este mecanismo permite aumentar la fuerza que mantiene los neumáticos contra el pavimento, incluso cuando el automóvil circula a velocidades relativamente bajas.
Durante la presentación, Tesla aseguró que el sistema podía producir una succión equivalente a aproximadamente dos veces la aceleración de la gravedad. Esa capacidad permitió al prototipo avanzar por una estructura curva hasta alcanzar una posición invertida, sin desprenderse inmediatamente de la superficie.
La segunda tecnología es el conjunto de propulsores alimentados con gas comprimido a muy alta presión. Lars Moravy, vicepresidente de Ingeniería de Tesla, explicó que la configuración completa dispone de aproximadamente 600 litros de capacidad para almacenar gas y diez boquillas que pueden liberar ese contenido para generar empuje.
The Verge documentó que la combinación permitió al automóvil abandonar la estructura, modificar su orientación en el aire y aterrizar de manera controlada. Posteriormente, Tesla realizó otra maniobra en la que el Roadster se elevó sobre varios vehículos de la propia marca.
Por su parte, Car and Driver reportó que Tesla atribuyó a los propulsores utilizados en la demostración una fuerza superior a 80 kilonewtons. El medio también describió el habitáculo de dos plazas, el volante tipo yoke, la pantalla horizontal y el sistema de aerodinámica activa con alerón posterior ajustable.
Existe un antecedente técnico relevante. El 29 de septiembre, poco antes del evento, Tesla obtuvo una patente estadounidense relacionada con un automóvil equipado con ventiladores eléctricos para producir presión negativa bajo la carrocería. Electrek examinó el documento, cuyas ilustraciones utilizan un vehículo semejante al Model S. Aunque el principio coincide con parte de lo mostrado posteriormente, la patente no permite afirmar que describa exactamente la configuración final del Roadster.
¿Realmente el nuevo Roadster es un automóvil volador?
El prototipo consiguió elevarse del suelo y realizar maniobras aéreas mediante empuje controlado. Sin embargo, eso todavía no demuestra que pueda utilizarse como una aeronave capaz de recorrer distancias prolongadas.
La diferencia es importante porque un sistema basado en gas comprimido dispone de una cantidad limitada de energía almacenada. Mantener un automóvil suspendido durante periodos largos exigiría resolver desafíos relacionados con peso, presión, volumen de los tanques, consumo energético y capacidad para repetir las maniobras.
En declaraciones realizadas por People, Roger Connor, especialista del Smithsonian National Air and Space Museum, explicó que este tipo de tecnología parece más adecuada para saltos o desplazamientos aéreos breves que para vuelos sostenidos.
La demostración también se realizó sin un ocupante dentro del automóvil, una precaución vinculada con la intensidad de las maniobras y los riesgos de un sistema todavía experimental.
Por ello, definir al Rocket como un automóvil con capacidad para elevarse es técnicamente más preciso que presentarlo como un vehículo capaz de sustituir el transporte aéreo convencional. Tesla mostró un avance de ingeniería considerable, pero todavía no explicó cuánto tiempo podría permanecer suspendido, qué distancia recorrería utilizando exclusivamente sus propulsores ni cuántas veces podría repetir esas operaciones antes de recargar sus depósitos.
Menos autonomía que en 2017, pero prestaciones más radicales
Una de las contradicciones más interesantes del nuevo Roadster aparece cuando se compara con el automóvil anunciado originalmente.
En noviembre de 2017, Tesla prometió una autonomía de 620 millas, aproximadamente 1,000 kilómetros, una velocidad máxima superior a 250 mph —más de 400 km/h— y una aceleración de 0 a 60 mph en 1.9 segundos.
El proyecto presentado ahora contempla una autonomía anunciada superior a 300 millas, aproximadamente 480 kilómetros, y una velocidad máxima que superaría 230 mph, equivalentes a unos 370 km/h.
Esto significa que Tesla redujo considerablemente su promesa de autonomía mientras trasladó buena parte de la innovación hacia aceleración, adherencia y capacidad de movimiento.
El cambio también afecta al espacio interior. La configuración de cuatro plazas fue abandonada y la variante Rocket tendrá únicamente una, debido a las exigencias del sistema de propulsión.
La comparación resulta todavía más llamativa porque una versión de la página mexicana del Roadster de Tesla conserva especificaciones asociadas con el proyecto original, como los 1,000 kilómetros de autonomía, las cuatro plazas y una velocidad superior a 400 km/h. Esos datos no deben confundirse con las características anunciadas durante la presentación de octubre de 2026.
Incluso la batería permanece rodeada de incertidumbre. Tesla había hablado anteriormente de una capacidad de 200 kWh, pero no ha publicado una especificación definitiva equivalente para el nuevo modelo. Tampoco ha detallado su peso final, arquitectura eléctrica, potencia de carga o configuración exacta de motores.
La industria, además, tuvo casi nueve años para acercarse a las prestaciones anunciadas originalmente. Fabricantes como Rimac desarrollaron superdeportivos eléctricos capaces de alcanzar aceleraciones extraordinarias, mientras Porsche y otros competidores ampliaron las posibilidades de los vehículos eléctricos de alto desempeño.
Tesla respondió modificando el terreno de la competencia. En lugar de concentrarse exclusivamente en autonomía, potencia y velocidad, incorporó sistemas de propulsión que permiten realizar maniobras ajenas al funcionamiento convencional de un automóvil.
¿Cuánto costará el nuevo Tesla Roadster?
Pese a la presentación, Tesla todavía no ha comunicado el precio final del nuevo Roadster.
En Estados Unidos, la versión Performance requiere un depósito total de reserva de US$50,000, mientras Thrust exige US$250,000. Rocket permanece disponible únicamente mediante invitación.
Según explicó TokenPost, el esquema de reserva estadounidense contempla un pago inicial de US$5,000 y un segundo desembolso dentro de los diez días siguientes: US$45,000 adicionales para Performance o US$245,000 para Thrust.
La diferencia entre depósito y precio es fundamental. Los US$50,000 y US$250,000 no representan el costo de los automóviles, sino las cantidades necesarias para reservar una posición en el proceso de compra.
El propio contrato oficial de reservas de Tesla establece que la compañía todavía está determinando las opciones, características y componentes del vehículo, por lo que no puede confirmar un precio definitivo. También aclara que reservar no equivale a realizar una compra y que Tesla no garantiza cuándo se entregará el automóvil ni siquiera que termine siendo entregado.
En México, la marca mantiene una página para reservar el Roadster, aunque no ha comunicado el precio final de venta nacional para las configuraciones anunciadas en octubre.
La incertidumbre adquiere mayor importancia al recordar la historia del proyecto. La segunda generación del Roadster fue presentada en 2017 con la expectativa de comenzar entregas en 2020. Desde entonces, las fechas se desplazaron repetidamente.
Incluso el evento de este año sufrió modificaciones. TechCrunch documentó que la presentación volvió a posponerse durante septiembre por previsiones meteorológicas, hasta quedar fijada finalmente para el 15 de octubre. Por ello, el objetivo de producción en 2028 debe interpretarse como una nueva fecha anunciada por Tesla, no como una garantía de que los clientes recibirán el automóvil ese año.
El desafío de homologar un automóvil con propulsores
Las dificultades tampoco terminan cuando un fabricante demuestra que una tecnología funciona. Performance es una configuración concebida para circular por carretera, aunque tendrá que cumplir los requisitos correspondientes de seguridad y homologación. Thrust incorpora propulsores capaces de modificar considerablemente las condiciones de aceleración, mientras Rocket introduce un problema regulatorio adicional al abandonar físicamente el suelo.
La revista WIRED consultó a especialistas en aviación sobre las implicaciones del prototipo y señaló que sus capacidades aéreas podrían colocar determinadas operaciones bajo la jurisdicción de la Administración Federal de Aviación estadounidense, la FAA.
Esto significa que un vehículo capaz de realizar maniobras aéreas podría necesitar autorizaciones diferentes de aquellas que permiten circular por una vía pública. Las reglas también dependerían de las condiciones concretas de operación y del uso finalmente autorizado.
Tesla ya reconoce que Rocket no está aprobado para circular en carreteras, por lo que resulta posible que sus capacidades más espectaculares terminen restringidas a pistas, instalaciones privadas o lugares específicamente autorizados.
La compañía tampoco ha explicado suficientemente cómo resolverá el mantenimiento de los recipientes de alta presión, la seguridad del sistema durante un accidente, el tiempo de recarga de los depósitos ni el costo de reparación de componentes tan especializados.
Esas preguntas resultan determinantes para convertir una demostración tecnológica en un vehículo comercial que pueda venderse, asegurarse y mantenerse durante años.
Por qué Tesla necesita un automóvil que probablemente venderá poco
La importancia del Roadster no depende exclusivamente de cuántas unidades consiga comercializar. El propio Musk ha reconocido que el automóvil probablemente tendrá una contribución limitada a los ingresos de Tesla. Reuters recoge la interpretación de Seth Goldstein, analista de Morningstar, quien considera que el proyecto funciona principalmente como un halo car: un automóvil destinado a mostrar los límites de la tecnología y reforzar la imagen de innovación de la compañía.
Ese papel resulta particularmente relevante ahora. Tesla está desplazando buena parte de su narrativa corporativa hacia inteligencia artificial, conducción autónoma, Cybercab y robots humanoides Optimus, mientras continúa administrando un negocio de automóviles eléctricos de gran volumen.
En el tercer trimestre de 2026, la empresa entregó 486,532 vehículos, de acuerdo con su reporte oficial de producción y entregas. Frente a esa escala, el Roadster difícilmente será determinante para el crecimiento de unidades vendidas, pero puede desempeñar una función simbólica importante.
La demostración también refuerza los vínculos tecnológicos entre Tesla y SpaceX. Los propulsores de gas frío y los sistemas de control de orientación acercan dos áreas de ingeniería que normalmente se desarrollan por separado, aunque trasladar soluciones aeroespaciales a automóviles producidos comercialmente plantea exigencias diferentes de costo, seguridad y mantenimiento.
Existe además una paradoja dentro de la estrategia de Musk. Según reportó Car and Driver, el empresario planteó que, a largo plazo, Roadster podría terminar siendo el único Tesla pensado para conducirse manualmente.
La afirmación contrasta con el origen de la marca. El primer Roadster, comercializado desde 2008, buscaba demostrar que un automóvil eléctrico podía ofrecer una experiencia de conducción emocionante. El nuevo Roadster aparece cuando Tesla intenta construir un futuro donde la intervención humana al volante sea cada vez menos necesaria.
De concretarse esa estrategia, su deportivo más extremo podría convertirse también en uno de los últimos vehículos de la marca concebidos principalmente alrededor del conductor.
Entre la demostración y el automóvil que llegará a los clientes
La presentación del 15 de octubre modificó sustancialmente la conversación alrededor del Roadster. Después de años de retrasos, Tesla mostró un prototipo capaz de ejecutar maniobras reales mediante sistemas de succión y propulsión que hasta entonces parecían pertenecer al terreno de las promesas.
Pero el fabricante todavía necesita resolver cuestiones fundamentales antes de iniciar la producción prevista para 2028. No se conocen precios finales, batería definitiva, peso homologado, tiempos de recarga de los sistemas neumáticos, volumen de fabricación ni fechas comprometidas de entrega.
La comparación con 2017 resume las prioridades actuales del proyecto. Tesla redujo su promesa de autonomía de aproximadamente 1,000 a más de 480 kilómetros, abandonó las cuatro plazas y volvió más ambiciosas las prestaciones de aceleración. Al mismo tiempo, incorporó capacidades aéreas que trasladan el desafío desde la ingeniería automotriz tradicional hacia un territorio donde también intervienen seguridad aeroespacial y regulación.
El Roadster ya consiguió algo que Tesla necesitaba después de nueve años: demostrar que existe una máquina capaz de ejecutar parte de sus promesas más extraordinarias. Lo que falta es demostrar que esa máquina puede convertirse en un producto repetible, seguro dentro de sus condiciones autorizadas, comercialmente viable y disponible para quienes llevan años esperándolo.
El verdadero examen del Roadster ya no será si Tesla puede hacerlo volar durante una presentación. Será si consigue fabricar y entregar en 2028 un automóvil que conserve esas capacidades sin convertir otra promesa tecnológica en una espera indefinida.
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